Hace varios años tuve la suerte de llegar a un lugar lleno de gente y olas maravillosas. Mientras disfrutaba, compartía y aprendía del lugar escuche por primera vez de la amenaza de la «bestia negra» (CELCO), la cual quería vertir sus tóxicos desecho al mar a través de un ducto atentando así contra la flora, la fauna y la gente que vive del mar artesanal e incondicionalmente. Un sentimiento de fuerza y de lucha se apodero de nosotros. Junto a los mas motivados dimos la pelea, pero a pesar de varios piedrazos no tuvimos tanta suerte y hasta ahora el futuro de la zona es incierto.

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Por Gonzalo Salinero