En la ola de Puertecillo, hoy falta uno. Falta Gabriél Christensen Perez, pequeño surfista que entró al océano con la confianza de quien reconoce un hogar y salió de este mundo dejando un silencio hondo, de esos que no se llenan con palabras. El mar, que tantas veces lo sostuvo, hoy guarda su reflejo como un secreto sagrado.

Gabo era una promesa luminosa y una paciencia que parecía heredada de las mareas. Su risa de niño se mezclaba con el viento del sur junto a su huella escrita en la arena, lo justo para recordarnos que lo verdaderamente importante no necesita durar o ser eterno.

La tragedia lo arrancó de la orilla demasiado pronto. El ahogo, palabra dura y ajena, no alcanza a nombrar lo que duele cuando un cuerpo pequeño deja de luchar y el corazón del pueblo se quiebra en dos. Pero el duelo no es solo pérdida: si no que también se transforma en amor que aprende a cuidarse mejor. En Puertecillo, cada ola parece inclinarse en señal de respeto, como si el mar mismo pidiera perdón y prometiera memoria.

Gabo deja una herencia invisible y poderosa, la urgencia de mirarnos a los ojos cuando entramos al agua; de escuchar el mar con humildad; de aprender, enseñar y acompañar. Deja la certeza de que la comunidad no es un gesto ocasional, sino una práctica diaria: el chequeo previo, la mano tendida, el conteo atento, la decisión de no surfear solos cuando el día lo pide. Deja, también, la convicción de que la alegría no está reñida con el cuidado, y que el respeto por el océano es la primera tabla que debemos aprender a sostener.

Su ausencia marcará a su generación como un faro triste y necesario. Los niños que hoy miran el horizonte crecerán sabiendo que el mar es belleza y riesgo; que la valentía verdadera incluye volver a casa; que el juego se protege con conocimiento y presencia. Crecerán más atentos, más unidos, más responsables de la vida que comparten. En ese aprendizaje colectivo, Gabriél seguirá estando presente.

Que su nombre sea dicho con suavidad, como se dice una oración al amanecer. Que su ausencia nos prepare para sostenernos mejor, para abrazarnos sin prisa, para entrar al agua con gratitud y salir con cuidado. En cada serie que rompe, en cada puesta de sol, Gabriél estará —no como ausencia— sino como una luz breve y profunda que nos enseña a amar la vida con respeto.

A su familia, mi más sentido pésame.

Max Petit-Breuilh

Team Chilesurf